Ese “segundo antes” ya olía a desastre.
Cuando ves la tormenta venir y aún así aceleras.
Spoiler: la estupidez nunca frena a tiempo.
Ese coche ya estaba escribiendo su carta de despedida.
Nada más tenso que ver a un idiota justo antes del impacto.
Ese adelantamiento gritaba: “voy directo al hospital”.
Cuando la arrogancia maneja, el accidente solo espera turno.
Ese giro fue tan absurdo que hasta el GPS se rindió.
El coche parecía decir: “¿seguro que quieres hacer esto?”.
Ese momento fue como ver un tráiler de la catástrofe.