La caída del F-117 demuestra que incluso los aviones más avanzados no son invencibles. La tecnología furtiva tiene límites.
Los gigantes del aire siempre impresionan, pero este caso deja claro que la táctica y el terreno pueden vencer a la tecnología.
Para mí, el derribo del F-117 fue más un golpe de suerte de la defensa aérea que una falla real de la aeronave.
No fue solo suerte, fue estrategia. Yugoslavia supo cómo explotar las debilidades de un caza furtivo que muchos creían indetectable.
Los gigantes del aire como el F-117 fueron pensados para guerras diferentes; en un entorno saturado de radares, nadie es completamente invisible.
Si el F-117 realmente era tan revolucionario, ¿cómo lo detectaron? Eso demuestra que Estados Unidos exageró su poderío tecnológico.
No lo exageraron, fue un solo derribo entre más de mil misiones exitosas. Ese récord aún lo coloca entre los gigantes del aire más efectivos.
Este caso es prueba de que la guerra nunca es de 100% tecnología. A veces, el ingenio y la paciencia derriban incluso a los más temidos gigantes del aire.
La invisibilidad del F-117 no significaba invulnerabilidad. Era cuestión de tiempo para que alguien encontrara la manera de rastrearlo.
Al final, los gigantes del aire siempre inspiran respeto, pero la historia del F-117 muestra que ningún avión puede volar sin riesgo.